Pérgamo
Donde estaba el trono de Satanás
La interpretación tradicional suele entender la carta a Pérgamo como un mensaje dirigido exclusivamente a una congregación localizada en la ciudad de Pérgamo, en Asia Menor. Sin embargo, diversos elementos presentes en la carta sugieren una realidad más profunda que una simple referencia geográfica.
Este estudio parte de la hipótesis de que la carta utiliza lenguaje simbólico para describir la situación espiritual de una congregación sometida a la influencia del sistema del templo. durante los años previos a su destrucción.
La expresión:
“y dónde moras, donde está el trono del Satán.” (Ap. 2:13),
no parece describir únicamente un lugar físico, sino el entorno espiritual e ideológico en el que vivían aquellos creyentes.
A diferencia de otras congregaciones, el problema principal de Pérgamo no era negar a Cristo. Por el contrario, el Señor declara:
“Retienes mi Nombre y no has negado mi fe.”
La dificultad consistía en la presión constante ejercida por un sistema religioso que continuaba atrayendo a algunos creyentes hacia prácticas incompatibles con el evangelio.
La mención de Balaam, de los nicolaítas, de las cosas sacrificadas a los ídolos y de la fornicación espiritual apunta a un problema de mezcla doctrinal más que a una persecución exclusivamente externa.
Por esta razón examinaremos si el llamado “trono de Satanás” puede entenderse como una referencia al centro desde donde operaba el sistema adversario al evangelio, y si la carta a Pérgamo describe la tensión que experimentaban los creyentes que vivían bajo la influencia del templo y del orden que estaba próximo a desaparecer.
Yo sé dónde moras
Cuando el Señor declara: “Yo sé dónde moras”, no parece estar simplemente identificando una ciudad, sino reconociendo la presión espiritual y religiosa que enfrentaban aquellos creyentes.
La carta misma indica que no habían negado la fe ni abandonado el Nombre de Cristo. El problema no era una apostasía abierta, sino la convivencia diaria con un sistema que seguía ejerciendo influencia sobre los discípulos.
Si la tipología apunta hacia Jerusalén, la expresión adquiere una fuerza especial. Allí se encontraba el templo, los sacrificios, el sacerdocio y el centro del orden que estaba envejeciendo y próximo a desaparecer (Heb. 8:13). Los creyentes se encontraban rodeados por prácticas religiosas que durante siglos habían sido consideradas sagradas y que aún conservaban un enorme prestigio entre el pueblo.
En tales circunstancias resultaba fácil ceder a la presión de participar nuevamente de los elementos del antiguo sistema, produciendo una mezcla entre la fe en Cristo y las prácticas que el evangelio estaba dejando atrás.
1Co.10.18-21
(18) Mirad al Israel SEGÚN LA CARNE. ¿No participan del altar los que comen los sacrificios?
(19) ¿Qué digo, pues? ¿Que los sacrificios tengan valor? ¿O que el ídolo que recibe sacrificios tiene vida?
(20) antes digo, que lo que sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios. Y no quiero que os hagáis participes con los demonios.
(21) No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis ser partícipes de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.
Pablo presenta aquí una advertencia que resulta especialmente relevante para comprender la situación descrita en Pérgamo. El problema no era simplemente la existencia de ídolos paganos, sino la participación en sistemas religiosos incompatibles con la comunión en Cristo.
La referencia a “Israel según la carne” resulta significativa porque conecta directamente el tema con el culto sacrificial. Quienes participaban de los sacrificios se hacían partícipes del altar. De igual manera, los creyentes no podían participar simultáneamente de la mesa del Señor y de mesas asociadas a sistemas religiosos rivales.
Si la carta a Pérgamo refleja la situación de creyentes sometidos a la influencia del templo, la advertencia adquiere una dimensión particular. La presión no consistía necesariamente en abandonar a Cristo, sino en conservar una doble participación: Cristo por una parte y el sistema sacrificial por la otra.
Precisamente esa mezcla aparece nuevamente en la referencia a Balaam, quien enseñó a poner tropiezo delante de Israel mediante la participación en comidas sacrificiales y la corrupción espiritual.
La doctrina de Balaam
Apo.2.14
(14) Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a fornicar.
El propio texto explica en qué consistía la doctrina de Balaam. No se trata de una referencia misteriosa, sino de un episodio conocido del Antiguo Testamento donde Balaam enseñó a Balac cómo inducir a Israel a participar de prácticas incompatibles con su pacto con Dios.
Los dos elementos mencionados por Apocalipsis son:
- Comer cosas sacrificadas a los ídolos.
- Fornicar.
Ambos elementos aparecen unidos en la historia de Balaam y reaparecen en la advertencia de Pablo a los corintios.
Balaam y Balac
Núm. 31:16
He aquí, ellas fueron causa de que los hijos de Israel, por consejo de Balaam, prevaricaran contra el Señor en lo tocante a Peor…
Este pasaje identifica explícitamente a Balaam como el responsable intelectual del tropiezo de Israel. No pudo maldecir al pueblo, pero encontró otra estrategia: inducirlo a participar de prácticas religiosas incompatibles con su pacto con Dios.
Números 25:1-3
Israel comenzó a fornicar con las hijas de Moab.
Éstas invitaron al pueblo a los sacrificios de sus dioses.
El pueblo comió y se inclinó ante sus dioses.
Israel se unió a Baal-peor.
Estos versículos muestran claramente los dos elementos mencionados en Apocalipsis 2:14. La fornicación y la participación en sacrificios idolátricos no aparecen como asuntos independientes, sino como parte de una misma estrategia destinada a apartar a Israel de su fidelidad a Dios. Precisamente por esta razón la carta a Pérgamo identifica este episodio como el modelo de la doctrina de Balaam.
La estrategia de Balaam
Balaam comprendió que no podía destruir a Israel mediante una maldición directa. Por ello procuró introducir el tropiezo desde dentro, induciendo al pueblo a participar voluntariamente de prácticas incompatibles con su pacto. La amenaza no provenía de un enemigo exterior, sino de la seducción religiosa y de la mezcla espiritual.
Balaam y la presión del templo
Así como Balaam no intentó destruir a Israel mediante una persecución abierta, sino induciéndolo a participar nuevamente de prácticas incompatibles con su llamamiento, del mismo modo la presión que enfrentaban los creyentes en Jerusalén no consistía principalmente en negar a Cristo, sino en conservar vínculos con el sistema sacrificial que estaba envejeciendo y próximo a desaparecer (Heb. 8:13).
Jerusalén y el antiguo sistema
La presión que enfrentaban los creyentes judíos no provenía únicamente de la persecución de las autoridades religiosas. Existía además una influencia constante ejercida por el propio templo, los sacrificios, el sacerdocio y las costumbres heredadas por generaciones.
Aun después de creer en Cristo, muchos continuaban viendo el templo como el centro visible de la adoración a Dios.
Sin embargo, el escritor de Hebreos advertía que aquel orden estaba envejeciendo y próximo a desaparecer:
Heb. 8:13
Al decir: NUEVO PACTO, ha dado por viejo al primero; y lo que es anticuado y viejo, está próximo a desaparecer completamente.
(Heb 8:13) NVP
La dificultad consistía en permanecer firmes en Cristo mientras continuaban rodeados por un sistema religioso que todavía gozaba de enorme prestigio entre el pueblo.
Miles de creyentes celosos de la Ley
Hch. 21:20
“Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos de la Ley
Aquí está una de las claves más importantes para comprender la carta a Pérgamo.
El problema no era una negación abierta de Cristo. Aquellos creyentes habían creído en Jesús. Sin embargo, seguían manteniendo una fuerte vinculación con las prácticas del antiguo pacto.
La situación recuerda la estrategia de Balaam: no abandonar completamente a Dios, sino mezclar el llamamiento recibido con elementos incompatibles con él.
Salgamos fuera del campamento (Heb. 13:13)
Heb. 13:13
“Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio.”
Esta exhortación adquiere una fuerza especial cuando se lee a la luz de la situación descrita en Jerusalén.
Durante siglos, el campamento había representado el centro visible de la relación entre Dios e Israel. Allí estaban el altar, los sacrificios, el sacerdocio y el santuario.
Sin embargo, el autor de Hebreos dirige la mirada hacia Cristo y llama a los creyentes a salir fuera del campamento.
La invitación no era geográfica sino espiritual. Significaba abandonar la confianza en el sistema que estaba envejeciendo y poner toda la esperanza en Cristo.
De esta manera, Hebreos presenta el mismo conflicto que aparece en la carta a Pérgamo. La presión consistía en permanecer vinculados a un orden religioso que todavía conservaba prestigio y autoridad ante el pueblo.
Las exhortaciones apostólicas del período confirman esta realidad. Miles de creyentes continuaban vinculados al antiguo orden, mientras Hebreos insistía en que aquel sistema estaba envejeciendo y próximo a desaparecer.
El llamado era salir fuera del campamento y poner toda la esperanza en Cristo.
¿Dónde estaba el trono de Satanás?
Llegados a este punto, podemos volver a la pregunta inicial de la carta: ¿qué significaba realmente el lugar donde estaba el trono de Satanás?
- La referencia a Balaam.
- La participación en cosas sacrificadas a los ídolos.
- La fornicación espiritual.
- La advertencia de Pablo acerca de participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios (1 Co. 10:18-21).
- La existencia de miles de creyentes todavía vinculados al antiguo sistema (Hch. 21:20).
- El llamado de Hebreos a salir fuera del campamento (Heb. 13:13).
Tomados en conjunto, estos elementos apuntan a una presión religiosa ejercida desde el centro mismo del antiguo orden.
La carta no describe principalmente una congregación perseguida por paganos, sino creyentes sometidos a la presión constante de un sistema religioso que buscaba conservar su influencia aun cuando su desaparición ya había sido anunciada.
Si Jerusalén era llamada espiritualmente Sodoma y Egipto (Ap. 11:8), y si Babilonia en 1 Pedro 5:13 constituye una referencia simbólica a Jerusalén, resulta razonable considerar que el “trono de Satanás” tampoco alude necesariamente a una ciudad pagana distante, sino al centro religioso que se oponía al evangelio mientras conservaba apariencia de autoridad divina.
Así, la doctrina de Balaam, la participación en sacrificios, el llamado a salir fuera del campamento y la referencia al trono de Satanás convergen en una misma realidad: la lucha entre el evangelio de Cristo y el orden religioso que estaba próximo a desaparecer.
Conclusión
La carta a Pérgamo describe una situación mucho más profunda que la mera presencia de una congregación rodeada de paganismo. Los elementos mencionados por el propio texto —la doctrina de Balaam, las cosas sacrificadas a los ídolos, la fornicación espiritual y la referencia al trono de Satanás— apuntan hacia una presión religiosa ejercida desde un sistema que conservaba gran prestigio y autoridad ante el pueblo.
Las exhortaciones apostólicas del período confirman esta realidad. Miles de creyentes continuaban vinculados al antiguo orden, mientras Hebreos insistía en que aquel sistema estaba envejeciendo y próximo a desaparecer. El llamado era salir fuera del campamento y poner toda la esperanza en Cristo.
Bajo esta perspectiva, la doctrina de Balaam no representa una persecución abierta, sino el intento de mezclar el llamamiento de Dios con prácticas y estructuras incompatibles con el evangelio. La amenaza no provenía principalmente de una negación explícita de Cristo, sino de la presión constante para conservar vínculos con un orden que ya había sido juzgado y reemplazado por el Nuevo Pacto.
Por esta razón, la referencia al “trono de Satanás” puede entenderse como una descripción simbólica del centro religioso que se oponía al evangelio mientras conservaba apariencia de autoridad divina. Así, la carta a Pérgamo se convierte en un testimonio de la lucha entre el evangelio de Cristo y el sistema religioso que estaba próximo a desaparecer.
