2 Reyes 18 y 19 NVP

Esta narrativa aparece paralelamente en:
2 Reyes 18–19, Isaías 36–37, y 2 Crónicas 32.

2Re 18:1  En el tercer año de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías hijo de Acaz, rey de Judá. 

2Re 18:2  Cuando comenzó a reinar tenía veinticinco años, y reinó en Jerusalén veintinueve años. El nombre de su madre era Abi, hija de Zacarías. 

2Re 18:3  Hizo lo recto ante los ojos del Señor, conforme a todas las cosas que había hecho David, su padre. 

2Re 18:4  Quitó los lugares altos, quebró las imágenes, rompió los símbolos de Aserah e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces los hijos de Israel le quemaban incienso; y la llamó Nehustán. 2R.24.8 

2Re 18:5  Y puso su esperanza en el Señor, Dios de Israel. Entre todos los reyes de Judá no hubo otro como él, antes ni después, 

2Re 18:6  pues siguió al Señor y no se apartó de él, sino que guardó sus mandamientos que prescribió a Moisés. 

2Re 18:7  Dios estaba con él, y adondequiera que iba, prosperaba. Ezequías se rebeló contra el rey de Asiria y no lo sirvió. 

2Re 18:8  También derrotó a los filisteos hasta Gaza y sus fronteras, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortificada. 

2Re 18:9  En el cuarto año del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, subió Salmanasar, rey de los asirios, contra Samaria y la sitió. 

2Re 18:10  La tomaron al cabo de tres años. En el año sexto de Ezequías, el cual era el año noveno de Oseas, rey de Israel, fue tomada Samaria. 

2Re 18:11  El rey de Asiria llevó cautivo a Israel a Asiria, y los estableció en Halah, junto al río Gozán en Habor, y en las ciudades de los medos, 

2Re 18:12  por cuanto no habían atendido a la voz del Señor, su Dios, sino que habían quebrantado su pacto y no habían escuchado ni puesto por obra todas las cosas que Moisés, siervo de Dios, había mandado. 

2Re 18:13  A los catorce años del rey Ezequías subió Senaquerib, rey de Asiria, contra todas las ciudades fortificadas de Judá y las tomó. 

2Re 18:14  Entonces Ezequías, rey de Judá, envió a decir al rey de Asiria que estaba en Laquis: “He pecado; retírate de mi país y aceptaré todo lo que me impongas”. El rey de Asiria impuso a Ezequías, rey de Judá, trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro. 

2Re 18:15  Entregó, por tanto, Ezequías toda la plata que había en la casa de Dios y en los tesoros de la casa real. 

2Re 18:16  En aquella ocasión Ezequías quitó el oro de las puertas del templo de Dios y de los quiciales que el mismo rey Ezequías había recubierto de oro, y lo dio al rey de Asiria. 

2Re 18:17  Después el rey de Asiria envió contra el rey Ezequías al jefe de los ejércitos, al jefe de los eunucos y al copero mayor, al frente de un gran ejército, y estos subieron de Laquis a Jerusalén para atacarla. Al llegar acamparon junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador. 

2Re 18:18  Llamaron luego al rey, y salió a encontrarse con ellos Eliaquim hijo de Hilcías, el mayordomo, Sebna, el escriba, y Joa hijo de Asaf, el canciller. 

2Re 18:19  Y el copero mayor les dijo: Decid ahora a Ezequías: Así dice el gran rey de Asiria: “¿Qué confianza es esta en que te apoyas? 

2Re 18:20  Dices: Consejo tengo y fuerzas para la guerra. Pero ¿en qué confías, que te has rebelado contra mí? 

2Re 18:21  Veo que confías en este bastón de caña astillada, en Egipto, que si uno se apoya en él se le clava y le traspasa la mano. Tal es el faraón, rey de Egipto, para todos los que en él confían. 

2Re 18:22  “Si me decís: ‘Nosotros confiamos en Jehová’ (YHWH יהוה), ¿no es este aquel cuyos lugares altos y altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: ‘Solamente delante de este altar adoraréis en Jerusalén’?” Isa.36.7 

2Re 18:23  Ahora, pues, te ruego que hagas un trato con mi señor, el rey de Asiria: yo te daré dos mil caballos si tú consigues jinetes para ellos. 

2Re 18:24  ¿Cómo podrías resistir a un capitán, o al menor de los siervos de mi señor? ni aun que estés confiado en Egipto, con sus carros y su gente de a caballo 

2Re 18:25  ¿Acaso he venido yo ahora a este lugar para destruirlo sin contar con Jehová? Jehová (YHWH יהוה) me ha dicho: Sube a esta tierra, y destrúyela”. 

2Re 18:26  Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, y Sebna y Joa respondieron al copero mayor: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros en lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre el muro. Isa.36:11 

2Re 18:27  El copero mayor les dijo: ¿Acaso me ha enviado mi señor para decir estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que están sobre el muro, expuestos a comer su propio estiércol y beber su propia orina con vosotros? 

2Re 18:28  Entonces el copero mayor se puso en pie y clamó a gran voz en lengua de Judá: “Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria. 

2Re 18:29  Así ha dicho el rey: “No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mis manos. 

2Re 18:30  No os haga Ezequías confiar en su dios, diciendo: Ciertamente nos librará Jehová (YHWH יהוה), y esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asiria”. 

2Re 18:31  No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: “Haced conmigo las paces y rendíos ante mí; que cada uno coma de su vid y de su higuera, y beba cada uno las aguas de su pozo, 

2Re 18:32  hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite y de miel. Viviréis y no moriréis. No oigáis a Ezequías, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará. 

2Re 18:33  ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de manos del rey de Asiria? 

2Re 18:34  ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim, de Hena, y de Iva? ¿Pudieron estos dioses librar a Samaria de mis manos? 

2Re 18:35  ¿Qué dios entre todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mis manos, para que vuestro dios libre de mis manos a Jerusalén?” 

2Re 18:36  Pero el pueblo calló y no le respondió ni una palabra, porque el rey había dado una orden que decía: “No le respondáis”. 

2Re 18:37  Entonces el mayordomo Eliaquim hijo de Hilcías, el escriba Sebna, y el canciller Joa hijo de Asaf, fueron a ver a Ezequías con sus vestidos rasgados, y le contaron las palabras del copero mayor. Isa.36.22 

2Re 19:1  Cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestidos, se cubrió con vestiduras ásperas y entró en la casa del Señor. 

2Re 19:2  Y envió a Eliaquim, el mayordomo, a Sebna, el escriba, y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de ropas ásperas, a ver al profeta Isaías hijo de Amoz, 

2Re 19:3  para que le dijeran: “Ezequías dice: “Este día es día de angustia, de reprensión y de blasfemia, porque los hijos están a punto de nacer y la que da a luz no tiene fuerzas. 

2Re 19:4  Quizá oirá el Señor, tu Dios, todas las palabras del copero mayor, a quien el rey de los asirios, su amo, ha enviado para blasfemar contra el Dios viviente y para insultar con palabras, las cuales el Señor, tu Dios, ha oído. Por tanto, eleva una oración por el REMANENTE que aún queda”. Isa.37:6 

2Re 19:5  Cuando los siervos del rey Ezequías llegaron a ver a Isaías, 

2Re 19:6  este les respondió: “Así diréis a vuestro gobernante: Así dice el Señor: “No temas por las palabras que has oído, con las cuales han blasfemado contra mí los siervos del rey de Asiria. 

2Re 19:7  Mira, voy a poner en él un espíritu, oirá un rumor, se volverá a su tierra y allí le haré caer a espada”. 

2Re 19:8  El copero mayor regresó y se encontró al rey de Asiria combatiendo contra Libna, pues oyó que se había ido de Laquis. 

2Re 19:9  Allí el rey de Siria se enteró de que Tirhaca, rey de Etiopía, había salido para hacerle guerra, y volvió a enviar embajadores a Ezequías diciendo: 

2Re 19:10  “Así diréis a Ezequías, rey de Judá: “Que no te engañe el Dios en quien tú confías, diciéndote: Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria. 

2Re 19:11  Has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras que han destruido. ¿Vas a escapar tú? 

2Re 19:12  ¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que mis padres destruyeron, esto es, a Gozán, Harán, Resef, y a los hijos de Edén que estaban en Telasar? 

2Re 19:13  ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?” 

2Re 19:14  Ezequías tomó la carta de manos de los embajadores. Después de leerla subió a la casa de Dios y la extendió delante del Señor. 

2Re 19:15  Entonces oró Ezequías delante del Señor diciendo: “Señor, Dios de Israel, que moras entre los querubines, solo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra. Tú hiciste el cielo y la tierra. 

2Re 19:16  Inclina, tu oído y oye; abre, tus ojos y mira. Oye las palabras que Senaquerib ha enviado a decirme para blasfemar contra ti, el Dios viviente. 

2Re 19:17  Es verdad, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras, 

2Re 19:18  y que han echado al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos humanas, de madera o de piedra, y por eso los destruyeron. 

2Re 19:19  Ahora, pues, Señor, Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de sus manos, para que sepan todos los reinos de la tierra que solo tú, eres Dios”

2Re 19:20  “Entonces Isaías, hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: ‘Esto dice el Señor, Dios de Israel: He oído lo que me pediste acerca de Senaquerib, rey de Asiria.” 

2Re 19:21  Esta es la palabra que el Señor ha pronunciado acerca de él: “La virgen, hija de Sion, te menosprecia, se burla de ti; a tus espaldas mueve su cabeza la hija de Jerusalén. 

2Re 19:22  ¿A quién has insultado y contra quién has blasfemado?, ¿contra quién has alzado la voz, y levantado altanero tus ojos? Contra el Santo de Israel. 

2Re 19:23  Por medio de tus mensajeros has insultado a Dios y has dicho: Con la multitud de mis carros he subido a las alturas de los montes, a lo más inaccesible del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus cipreses más escogidos; me alojaré en sus más remotos lugares, en el bosque de sus feraces campos. 

2Re 19:24  He cavado y bebido las aguas extrañas, he secado con las plantas de mis pies todos los ríos de Egipto. 

2Re 19:25  ¿Pero nunca oíste que desde tiempos antiguos yo lo hice, y que desde los días de la antigüedad lo tengo ideado? Pues ahora lo he hecho venir: Tú causarás desolaciones, y reducirás las ciudades fortificadas a montones de escombros. 

2Re 19:26  Sus habitantes, impotentes, fueron acobardados y confundidos; vinieron a ser como la hierba del campo, como hortaliza verde, como heno de los terrados, que se marchita antes de madurar. 

2Re 19:27  He conocido tu situación, todos tus movimientos, y tu furor contra mí. 

2Re 19:28  Por cuanto te has airado contra mí, por cuanto tu arrogancia ha subido a mis oídos, voy a poner mi garfio en tu nariz y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste. 

2Re 19:29  “Esto te daré por señal, Ezequías: Este año comeréis lo que nacerá de suyo, y el segundo año lo que nacerá de suyo. Al tercer año sembraréis y segaréis, plantaréis viñas y comeréis el fruto de ellas. 

2Re 19:30  Lo que haya escapado, lo que haya quedado de la casa de Judá, volverá a echar raíces por debajo y llevará frutos por arriba. 

2Re 19:31  “Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sion, la salvación. El cuidado del Señor de los ejércitos hará esto.” 

2Re 19:32  “Por tanto, dice el Señor, el rey de Asiria no entrará en esta ciudad, ni lanzará flechas en ella; ni la enfrentará con escudo, ni levantará contra ella un baluarte. 

2Re 19:33  Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, 

2Re 19:34  Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David, mi siervo”, dice el Señor. 

2Re 19:35  Aconteció que aquella misma noche salió un ángel del Señor y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hombres. A la hora de levantarse por la mañana, todo era cuerpos de muertos. 

2Re 19:36  Entonces Senaquerib, rey de Asiria, partió y regresó a Nínive, donde se quedó. 

2Re 19:37  Y aconteció que mientras él adoraba en el templo de Nisroc, su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer lo hirieron a espada y huyeron a tierra de Ararat. En su lugar reinó Esar-hadón, su hijo. 

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